Saldré de Leuven con los dientes mejor colocados el colesterol por las nubes y con un inglés de un acento extraño.
Los gatos de los tejados seguirán peleándose con las gaviotas y chillando como locos en celo al anochecer. El pervertido, volverá a poner la música muy alta y esperará a verme de refilón por la ventana. Pero no encontrará mi silueta. En unos meses buscará algún otro entretenimiento.
Estas paredes no son mi casa. Mi casa es Pedro en Negro colgando en la luz, mirándome con los brazos abiertos. Son todos los dibujos que tengo en la pared, la sirenita coloreada por Marina, las caricaturas de Alain, las postales de la india. Las frases inconexas en diferentes idiomas.
Mi casa son los mapas de todas las ciudades en las que he estado, en el muro de la derecha.
Las gotas que me despiertan todas las noches a las 2 de la mañana, cuando empiezan las tormentas.
Los mosquitos que llevan mi sangre y se la dan de beber a sus hijos.
Hubu, el peluche de carnaval que lleva puesto un sombrero de Saint Patrick. Son las fotos de aquellos que me dejé en Madrid pero que van siempre conmigo.
Tengo los músculos de las piernas durísimos gracias a Lenin. Y me siento mucho más fuerte y lista que antes. Me conozco más, y eso no me ha llevado a ninguna parte.
Saldré de Leuven con mi mejor amiga.
Por el mundo se desperdigarán mis hindúes. Sachin se irá al Himalaya y no volveré a saber nada de él. O al menos eso dice. Renu dará tumbos por Europa hasta los 30, cuando su padre le obligue a casarse con el novio que tiene preparado desde hace años. Louise será una abogada maravillosa en Estocolmo. Alain seguirá tocando a Bach y acabará fugándose al mediterráneo.
Los elefantes no volverán a ser animales, serán dioses. La comida que pica no me picará nunca más . Los inmigrantes no volverán a serlo. La música clásica contará historias, y tendré que buscarlas. Podré conseguir todo lo que me proponga. Todo. El frío nunca será como éste, el que pone los dedos azules y el sol siempre será bienvenido. Todo llevará más azúcar (si cabe). A veces pensaré en inglés. Tendré tantos puntos de vista que tardaré horas en posicionarme sobre algo. Buscaré en las yemas de los dedos ajenas sus espirales.
Y luego estarán sus acentos. La huella de donde vinieron. Música diferente, misma letra.
Sólo les recordaré sonriendo porque es lo único que han hecho durante este último año.
Por eso han sido mis amigos. Mi gente. Mi vida aquí. Han sido mi Erasmus.
Todo.
"Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida". Tokio Blues, Haruki Murakami
lunes, 6 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
Alegría
Supongo que mi repulsión a la melancolía no me deja ser consciente de que me quedan dos días aquí. Sólo he tenido un pequeño instante de flaqueza al mirar la exuberancia gótica de la catedral. He pensado “no te voy a volver a ver”, y sí, se lo decía a ese gótico flamenco en cada esquina, y por un instante la melancolía me ha tentado pero no la he dejado salir, porque eso es de aquellos que veneran el pasado perdiéndose el presente.
Dentro de un par de soles amaneceré en otra latitud y longitud. En la que se supone que es la mía, y que me ha dado el carácter que ahora tengo. La sensación con la que me quedo quedar, y que me acompañará conmigo para siempre es que no he estado en Bélgica. No. He pasado más tiempo en la India que en cualquier otro lugar de el mundo. En Italia, en Suiza, en Francia...
La pequeña república independiente de Leuven nos dio cobijo. A nosotros, los exiliados. Porque puede que los flemish no supieran apreciar la belleza de los colores que cada uno trae de su tierra, pero nosotros sí.
Una noche -como cualquier otra- estábamos cenando en casa de los indios y alguien derramó cerveza. Yo me levanté corriendo, y antes de limpiar el líquido toqué con mis dedos el alcohol, y me mojé la frente gritando “ALEGRÍA, ALEGRÍA”.
Es algo que yo creía común, pero por las caras de todos los presentes -incluida la de Marina, que es española- debieron pensar que estaban presenciando algún extraño ritual. Pero vamos, que es lo que hace mi madre siempre que alguien derrama su vino, y yo antes no había caído en la cuenta de que eso no era normal.
Casi sin darnos cuenta, unas noches después, se volvió a derramar otra copa y repetí el proceso. Todos lo conocían, y se apartaron el pelo de la frente, esperando a que yo untara mis dedos en el alcohol para mojarles ligeramente.
Me sorprendí bastantee cuando hace unos meses el mismo ritual se repitió, pero esta vez, Sachín gritó: ALEGRÍA, ALEGRÍA, y fue Alain el que mojó sus dedos y se los pasó por la frente.
Ellos no lo saben pero para mí fue la cosa más bonita del mundo.
El asunto tiene guasa cuando hace dos días derramé la salsa boloñesa. Por costumbre, todos fueron a meter el dedo dentro para luego tocarse la frente. Olvidé explicarles que sólo lo hacía con alcohol.
ALEGRÍA!
Dentro de un par de soles amaneceré en otra latitud y longitud. En la que se supone que es la mía, y que me ha dado el carácter que ahora tengo. La sensación con la que me quedo quedar, y que me acompañará conmigo para siempre es que no he estado en Bélgica. No. He pasado más tiempo en la India que en cualquier otro lugar de el mundo. En Italia, en Suiza, en Francia...
La pequeña república independiente de Leuven nos dio cobijo. A nosotros, los exiliados. Porque puede que los flemish no supieran apreciar la belleza de los colores que cada uno trae de su tierra, pero nosotros sí.
Una noche -como cualquier otra- estábamos cenando en casa de los indios y alguien derramó cerveza. Yo me levanté corriendo, y antes de limpiar el líquido toqué con mis dedos el alcohol, y me mojé la frente gritando “ALEGRÍA, ALEGRÍA”.
Es algo que yo creía común, pero por las caras de todos los presentes -incluida la de Marina, que es española- debieron pensar que estaban presenciando algún extraño ritual. Pero vamos, que es lo que hace mi madre siempre que alguien derrama su vino, y yo antes no había caído en la cuenta de que eso no era normal.
Casi sin darnos cuenta, unas noches después, se volvió a derramar otra copa y repetí el proceso. Todos lo conocían, y se apartaron el pelo de la frente, esperando a que yo untara mis dedos en el alcohol para mojarles ligeramente.
Me sorprendí bastantee cuando hace unos meses el mismo ritual se repitió, pero esta vez, Sachín gritó: ALEGRÍA, ALEGRÍA, y fue Alain el que mojó sus dedos y se los pasó por la frente.
Ellos no lo saben pero para mí fue la cosa más bonita del mundo.
El asunto tiene guasa cuando hace dos días derramé la salsa boloñesa. Por costumbre, todos fueron a meter el dedo dentro para luego tocarse la frente. Olvidé explicarles que sólo lo hacía con alcohol.
ALEGRÍA!
martes, 31 de mayo de 2011
Historia de miedo
Miré a la ventana por casualidad mientras aireaba las sábanas y allí estaba, mirándome fijamente.
Llevaba en la mano derecha (o la izquierda) una pistola que apuntaba a su sien. No cerró los ojos. No pude reaccionar. El disparo fue mudo y no me sorprendí. Seguí rígida, sin quitar mis ojos de los suyos. Pude ver perfectamente como un líquido negro resbalada cuidadosamente por su oreja. Le manchó el cuello. Las gotas oscuras continuaron desparramándose sobre su cuerpo. Seguía en la misma posición. Ni un quejido. Nada. Supongo que sólo notó la ligera presión en el pecho que yo también sentí. Empezó a llover más fuerte hasta que las gotas empañaron mi propio reflejo, que por supuesto, también era el suyo.
Llevaba en la mano derecha (o la izquierda) una pistola que apuntaba a su sien. No cerró los ojos. No pude reaccionar. El disparo fue mudo y no me sorprendí. Seguí rígida, sin quitar mis ojos de los suyos. Pude ver perfectamente como un líquido negro resbalada cuidadosamente por su oreja. Le manchó el cuello. Las gotas oscuras continuaron desparramándose sobre su cuerpo. Seguía en la misma posición. Ni un quejido. Nada. Supongo que sólo notó la ligera presión en el pecho que yo también sentí. Empezó a llover más fuerte hasta que las gotas empañaron mi propio reflejo, que por supuesto, también era el suyo.
martes, 10 de mayo de 2011
Lista
Tengo una lista no escrita para todo. Es una enumeración de vivencias sacadas de mi vida, pero que son especiales y podrían aparecer en novelas de realismo mágico.
Sachin sale del agua. No está lo suficiente fría como para evitar que nos metamos, y sonriendo -esa sonrisa hindú dibujada de lejos- dice que está muy salada. Saca la lengua y se la pasa por los labios. Luego se echa las manos a la cara y se limpia las gotas.
Pertenecemos a un momento que marcará su vida para siempre, y no nos avisó, porque las cosas maravillosas pasan sin avisar. Sachin nunca había estado en el mar. Era la primera vez que sentía el sabor del océano en la boca.
Ni él ni Renu se separaron ni un momento de mi lado mientras corría la maratón. Supervisando con ojos casi negros cada movimiento. También sabían que era la primera vez y revisaban cada salto, cada paso.
"Mira el atardecer porque no has visto ninguno así nunca, ni lo volverás a ver", decían señalando al cielo naranja sin dejar de correr -y en verdad así era-.
Marina se puso un caleidoscopio y los ojos y yo la pedí que se metiera en mis pupilas. Pero eso es una historia de esas fatásticas difíciles de creer que sólo unos pocon entienden. Esas que tienen objetos mágicos que te aferran a la realidad como si fueran un ancla de un barco, y que cuando menos te lo esperas te sacan de golpe.
Alain se ríe a carcajadas mientras me grita que cuando está conmigo sólo ocurren cosas surrealistas difíciles de creer. Me siento muy alagada cada vez que toca mi puerta, por querer compartir su tiempo conmigo.
Nacho cazó todos los mosquitos de la tierra y me dejó mirar el cielo despejado porque así él lo quiso.
En Amsterdam nos vestimos de naranja, metí los pies en un canal, viajamos con desconocidos y bailamos con ellos sin su permiso.
El curry no me quemó la lengua -sí lo hace el chocolate- y descubrí que quiero una colonia que huela a cardamomo, porque me encanta el aroma que desprende cuando Renu lo prepara para el té.
Siento que se me acaba el tiempo aquí, pero que la aventura no ha hecho más que comenzar.
whatever will be, will be
Sachin sale del agua. No está lo suficiente fría como para evitar que nos metamos, y sonriendo -esa sonrisa hindú dibujada de lejos- dice que está muy salada. Saca la lengua y se la pasa por los labios. Luego se echa las manos a la cara y se limpia las gotas.
Pertenecemos a un momento que marcará su vida para siempre, y no nos avisó, porque las cosas maravillosas pasan sin avisar. Sachin nunca había estado en el mar. Era la primera vez que sentía el sabor del océano en la boca.
Ni él ni Renu se separaron ni un momento de mi lado mientras corría la maratón. Supervisando con ojos casi negros cada movimiento. También sabían que era la primera vez y revisaban cada salto, cada paso.
"Mira el atardecer porque no has visto ninguno así nunca, ni lo volverás a ver", decían señalando al cielo naranja sin dejar de correr -y en verdad así era-.
Marina se puso un caleidoscopio y los ojos y yo la pedí que se metiera en mis pupilas. Pero eso es una historia de esas fatásticas difíciles de creer que sólo unos pocon entienden. Esas que tienen objetos mágicos que te aferran a la realidad como si fueran un ancla de un barco, y que cuando menos te lo esperas te sacan de golpe.
Alain se ríe a carcajadas mientras me grita que cuando está conmigo sólo ocurren cosas surrealistas difíciles de creer. Me siento muy alagada cada vez que toca mi puerta, por querer compartir su tiempo conmigo.
Nacho cazó todos los mosquitos de la tierra y me dejó mirar el cielo despejado porque así él lo quiso.
En Amsterdam nos vestimos de naranja, metí los pies en un canal, viajamos con desconocidos y bailamos con ellos sin su permiso.
El curry no me quemó la lengua -sí lo hace el chocolate- y descubrí que quiero una colonia que huela a cardamomo, porque me encanta el aroma que desprende cuando Renu lo prepara para el té.
Siento que se me acaba el tiempo aquí, pero que la aventura no ha hecho más que comenzar.
whatever will be, will be
martes, 29 de marzo de 2011
Esa batalla no salia en los libros de arte
Ahí estaba, ese grabado mesopotámico de un hombre rudo, sobre un carro, con la nariz prominente, los ojos almendrados y los rizos perfectos con forma de espiral. Todo esculpido sobre el blanco mármol.
Y ahora a mi lado, mirando igual que aquella escultura del British Museum. Se había despertado y se dejó el carro en alguna parte que no me importa.
Delante de él, otro más. En naranja, rojo y negro. Directo desde una de esas vasijas súper gastadas. También de perfil. Barbilla de aristas marcadas, ojos rasgados, casi negros, barba profunda y recta, lengua fuera, sosteniendo unas serpientes que saca de un cubo. Como gritando.
Se miran mutuamente. Cada uno en un color. Mirarse de colores. Mesopotamia estaba delante de mí y yo con la boca entreabierta, sin decir nada inteligente. De carne y hueso. Piel en lugar de roca y pintura.
Intentaba recordar la página de mi libro de segundo de bachillerato donde estaban esos malditos grabados. Esa era la clave. Pero ahora estaban allí, de verdad, y yo temiendo que se rompieran. ¡Que nadie haga fotos! ¡El flash, el flash, quitad el maldito flash!
Parece mentira que se muevan. Que hablen. Que existan más allá de los libros y museos.
A veces abro tanto los ojos que creo que la gente se da cuenta de que lque dentro de mí se proyecta una película diferente.
Sonó el carrillón. Son las 4. La clase ha terminado y cada cual vuelve a su casa. Me pregunto si echarán de menos sus respectivos lienzos.
Y ahora a mi lado, mirando igual que aquella escultura del British Museum. Se había despertado y se dejó el carro en alguna parte que no me importa.
Delante de él, otro más. En naranja, rojo y negro. Directo desde una de esas vasijas súper gastadas. También de perfil. Barbilla de aristas marcadas, ojos rasgados, casi negros, barba profunda y recta, lengua fuera, sosteniendo unas serpientes que saca de un cubo. Como gritando.
Se miran mutuamente. Cada uno en un color. Mirarse de colores. Mesopotamia estaba delante de mí y yo con la boca entreabierta, sin decir nada inteligente. De carne y hueso. Piel en lugar de roca y pintura.
Intentaba recordar la página de mi libro de segundo de bachillerato donde estaban esos malditos grabados. Esa era la clave. Pero ahora estaban allí, de verdad, y yo temiendo que se rompieran. ¡Que nadie haga fotos! ¡El flash, el flash, quitad el maldito flash!
Parece mentira que se muevan. Que hablen. Que existan más allá de los libros y museos.
A veces abro tanto los ojos que creo que la gente se da cuenta de que lque dentro de mí se proyecta una película diferente.
Sonó el carrillón. Son las 4. La clase ha terminado y cada cual vuelve a su casa. Me pregunto si echarán de menos sus respectivos lienzos.
lunes, 14 de marzo de 2011
A la luz
Se hace de noche, y la temperatura es tan agradable que no me lo creo. Nos sentamos en un banco, apurando la luz -que creo que es preciosa- y nos dejamos caer hacia atrás mirando al cielo.
Cuando me fui apuré los pasos -creo que nunca andé tan lento- y me puse la música muy alta. John Legend salió a azar y me cantó esa de...
It may be long to get me there
It feels like I've been everywhere
But someday I'll be coming home
Round and round the world will spin
Oh, the circle never ends
So you know that I'll be coming home...
Pero contra todo pronóstico, pinsé que mi casa es a la que me dirijo. Aquí, en Arthur de Greefstraat. Y me puse muy muy contenta.
No quería acabar el paseo, asique subí la cuesta que lleva a ese lugar que sólo unos pocos sabéis dónde está.
Ya era de noche, y di por hecho que la valla estaría cerrada...¡pero no! Allí estaba, en la oscuridad total. Pues no. Alguien se dedica a encender una vela allí, todas las noches. No sé quién es pero gracias. Allí me tiré en el suelo apoyada en un árbol y respiré ese aire de noches de verano.
Oí un sonido que venía desde fuera pero no le di importancia. Cuando salí, me di cuenta de que la cancioncilla venía de una furgoneta de helados. Me extrañó, era muy de noche para ponerse a vender helados. Un niño abrió la puerta de su casa con el monedero de su madre en la mano y corrió calle abajo hacia el vehículo. Yo, instintivamente, hice lo mismo.
Y allí estábamos los dos, cuesta abajo gritando a la furgoneta que no se marchara. Paró y el niño -que llegó primero- esperó con una sonrisa enorme y de puntillas en la ventana. El conductor no se percató y arrancó de nuevo.
Los helados se fueron -ya dirigiéndose a la autopista-y yo me quedé quieta al lado del chaval -que apenas tendría ocho o nueve años-
Le dije que lo sentía, y que era una pena, pero que ya volvería a pasar. Él no me escuchó y siguió con la mirada cómo se perdía el automóvil entre los demás coches.
Ya no se veía nada y él seguía allí, con el monedero -que era de esos con un estampado horrible- en la mano. Esperando. Estaba tan triste que me dieron ganas de darle un abrazo pero cuando se percató de mi presencia salió corriendo de nuevo, calle arriba hacia su casa.
Ojalá vuelva de nuevo. No por mí, sino por él. Qué narices...¡qué venga por mí, quiero mi helado de stracciatella!
Cuando me fui apuré los pasos -creo que nunca andé tan lento- y me puse la música muy alta. John Legend salió a azar y me cantó esa de...
It may be long to get me there
It feels like I've been everywhere
But someday I'll be coming home
Round and round the world will spin
Oh, the circle never ends
So you know that I'll be coming home...
Pero contra todo pronóstico, pinsé que mi casa es a la que me dirijo. Aquí, en Arthur de Greefstraat. Y me puse muy muy contenta.
No quería acabar el paseo, asique subí la cuesta que lleva a ese lugar que sólo unos pocos sabéis dónde está.
Ya era de noche, y di por hecho que la valla estaría cerrada...¡pero no! Allí estaba, en la oscuridad total. Pues no. Alguien se dedica a encender una vela allí, todas las noches. No sé quién es pero gracias. Allí me tiré en el suelo apoyada en un árbol y respiré ese aire de noches de verano.
Oí un sonido que venía desde fuera pero no le di importancia. Cuando salí, me di cuenta de que la cancioncilla venía de una furgoneta de helados. Me extrañó, era muy de noche para ponerse a vender helados. Un niño abrió la puerta de su casa con el monedero de su madre en la mano y corrió calle abajo hacia el vehículo. Yo, instintivamente, hice lo mismo.
Y allí estábamos los dos, cuesta abajo gritando a la furgoneta que no se marchara. Paró y el niño -que llegó primero- esperó con una sonrisa enorme y de puntillas en la ventana. El conductor no se percató y arrancó de nuevo.
Los helados se fueron -ya dirigiéndose a la autopista-y yo me quedé quieta al lado del chaval -que apenas tendría ocho o nueve años-
Le dije que lo sentía, y que era una pena, pero que ya volvería a pasar. Él no me escuchó y siguió con la mirada cómo se perdía el automóvil entre los demás coches.
Ya no se veía nada y él seguía allí, con el monedero -que era de esos con un estampado horrible- en la mano. Esperando. Estaba tan triste que me dieron ganas de darle un abrazo pero cuando se percató de mi presencia salió corriendo de nuevo, calle arriba hacia su casa.
Ojalá vuelva de nuevo. No por mí, sino por él. Qué narices...¡qué venga por mí, quiero mi helado de stracciatella!
domingo, 13 de marzo de 2011
Sin título
Estoy luchando para que los colores no se me mezclen en el folio que guarda mis acuarelas. Mirando mi propio reflejo en la ventana oscura, buscando a los gatos -especialmente el blanco con manchas negras- y atendiendo a como la luz poco a poco desparece del cielo.
Compulsivamente, miro el periódico cada cierto tiempo para saber cómo van las cosas en Japón. Me aterroriza pensar que el cielo se ponga naranja de repente, como en mis pesadillas.
Hoy estuve en un bosquecito cerca de Hervelee. Con árboles altos y rotos, descontrolados. Parecía un paisaje pintado por un esquizofrénico. Era caótico y sin sentido. La naturalea suele ser áurea y de dimensiones casi perfectas. Ese bosque parecía más humano que animal. Parecía tener personalidad propia. Gritaba, como queriendo defenderse y avisar de lo que viene.
Compulsivamente, miro el periódico cada cierto tiempo para saber cómo van las cosas en Japón. Me aterroriza pensar que el cielo se ponga naranja de repente, como en mis pesadillas.
Hoy estuve en un bosquecito cerca de Hervelee. Con árboles altos y rotos, descontrolados. Parecía un paisaje pintado por un esquizofrénico. Era caótico y sin sentido. La naturalea suele ser áurea y de dimensiones casi perfectas. Ese bosque parecía más humano que animal. Parecía tener personalidad propia. Gritaba, como queriendo defenderse y avisar de lo que viene.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Simulacro de primavera
Tras tres dias seguidos de primavera reboso endorfinas. Se me escapan por los poros y es una maravilla. Nunca pensé que me iba a influir tantísimo en clima. He sufrido casi un mes de oscuridad y se me pasó por la cabeza pedir a cualquier dios que me diera un rayito de sol.
Entendí el significado de SAD, o como se le llama coloquialmente: "winter depression".
Eh, mirad que cita me voy a marcar en ingles:
"Seasonal affective disorder (SAD), also known as winter depression or winter blues, is a mood disorder in which people who have normal mental health throughout most of the year experience depressive symptoms in the winter."
Con tres días de sol se me ha pasado de golpe la necesidada extrema de dormir más de ocho horas y el cansancio sin razón... BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN
Los carnavales de Aalst fueron una auténtica fiesta. Aunque nos sirvieron para llevarnos un buen mosqueo con nuestra flemish Mithe...
Cantamos por las calles disfrazadas de azul, pero no celeste blues, si no azul cielo bien brillante. Bailamos entre miles de personas disfazadas de galletas príncipe, militares, frutas... Nos zarandearon y coreamos en medio del éxtasis colectivo el universal: lo loló lo lo lololololololó loló lo lo.
Ayer, aprovechando el sol (sí, creo que he dicho sol ya más de cinco veces) fuimos a dar una vuelta nocturna sin quererlo por Leuven. La luz de las estrellas era increible y los canales que reflejaban la luna eran de película -sí, también he dicho luna y estrellas, hoy mi post va dirigido a astros y satélites de todos los colores y sabores-
Con el Sun alumbrándonos (lo pongo en inglés porque me parece excesivo ya volver a repetir el nombre común de nuestro Lorenzo) estuvimos también en una especie de granja escuela de Leuven, con unos lagos preciosos e incluso...una piscina! Por un momento me imaginé en un par de meses chapotenado allí y casi lloro de la felicidad!
De fondo suenan los delinquentes.
¿Qué más se puede pedir?
Entendí el significado de SAD, o como se le llama coloquialmente: "winter depression".
Eh, mirad que cita me voy a marcar en ingles:
"Seasonal affective disorder (SAD), also known as winter depression or winter blues, is a mood disorder in which people who have normal mental health throughout most of the year experience depressive symptoms in the winter."
Con tres días de sol se me ha pasado de golpe la necesidada extrema de dormir más de ocho horas y el cansancio sin razón... BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN
Los carnavales de Aalst fueron una auténtica fiesta. Aunque nos sirvieron para llevarnos un buen mosqueo con nuestra flemish Mithe...
Cantamos por las calles disfrazadas de azul, pero no celeste blues, si no azul cielo bien brillante. Bailamos entre miles de personas disfazadas de galletas príncipe, militares, frutas... Nos zarandearon y coreamos en medio del éxtasis colectivo el universal: lo loló lo lo lololololololó loló lo lo.
Ayer, aprovechando el sol (sí, creo que he dicho sol ya más de cinco veces) fuimos a dar una vuelta nocturna sin quererlo por Leuven. La luz de las estrellas era increible y los canales que reflejaban la luna eran de película -sí, también he dicho luna y estrellas, hoy mi post va dirigido a astros y satélites de todos los colores y sabores-
Con el Sun alumbrándonos (lo pongo en inglés porque me parece excesivo ya volver a repetir el nombre común de nuestro Lorenzo) estuvimos también en una especie de granja escuela de Leuven, con unos lagos preciosos e incluso...una piscina! Por un momento me imaginé en un par de meses chapotenado allí y casi lloro de la felicidad!
De fondo suenan los delinquentes.
¿Qué más se puede pedir?
domingo, 6 de marzo de 2011
El lago que no existía
No existe un lago entre Sofía y Rila. Para los ojos de la mayoría es sólo un paisaje más en el camino, nadie se fija en él. Sólo pasan a más de 120 kilómetros por hora y ni caen en la cuenta de que en el lado derecho de la carretera, entre los montañas, hay un pedazo del paraíso.
Digo que no existe, porque nadie cae en cuenta de su ubicación y en este mundo de locos si no está en un mapa, tiene nombre, longitud y latitud no es real.
Entonces estamos legitimados a decir que nosotros: José Ignacio Urquijo Sánchez, Beatriz Pérez Reyes, Javier Taeño, Diego Montes, y la que escribe estas líneas, somos sus descubridores y conquistadores. Por lo tanto, para los demás ese lago es nuestro y de nadie más.
Bajamos corriendo por la ladera, probamos sus aguas -que contra todo pronóstico apenas estaban frías- y jugamos con las piedras. El lago, que sabía que éramos probablemente los primeros en caer en su cuenta, nos cambió el clima y dejó de helar, y paramos de tiritar, y aparcamos a un lado dejando nuestros abrigos porque no hacía falta.
Nos despedimos del paisaje y él nos cantó Across the universe:
Nothing's gonna change my world
Sounds of laughter shades of life
are ringing through my open ears
exciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe
Unas horas más tarde, entre piedras y más piedras la rueda explotó. Sonó el silencio e hicimos un buen trabajo. Enfatizo en el plural de mis palabras.
Luego, en el monasterio se rompieron y se perdieron las imágenes, pero se crearon nuevas y se unieron otras. No hacían falta palabras.
De Sofía me llevo vuestros calores de Mastika, los ojos vidriosos por el frío, los garitos escondidos en patios, las cervezas de medio litro y caminar a oscuras por calles de novela negra.
De Plovdiv un puñado de niños que tiran bolas de nieve, lolitas con sonrisas de infarto y ganas de aprender, pulseras rojas y blancas con buenos deseos -y algo sobre un arquero, una paloma y sangre derramada-
No os conté la historia que me relataron con mi primera pulsera:
Cuando te las pones llamas a a la primavera. La esperas, y con el primer rayo de sol te las tienes que quitar porque ya han cumplido su cometido. Entonces, vas un bosque y regalas las pulseras a los árboles frutales, anudándolas en sus ramas.
Vosotros no lo sabéis, pero empezasteis mi primavera en Bulgaria.
miércoles, 16 de febrero de 2011
El tiempo
El tiempo no existe. Es el mayor invento de la historia (después de la coca-cola). Los minutos son de mentira, las horas una falacia. ¿Quién puede atreverse a cuantificar cuántos segudos reales sientes cuando estás a punto de caerte de la silla? -eternos- ¿o ese minuto decisivo en el que la profesora busca tu nombre en la lista para decir si aprobaste o no, y tú mientras oyes tu propia respiración, cortando el aire que sobra? -infinito-
Hay una cuesta en Leuven que da fe de este hecho. Me fijo de un tiempo a esta parte, y no sé cómo explicar el fenómeno. Es tan empinada que tengo que bajarme de Lenin y mirar hacia delante. Y de repente, ¡plaf! estoy arriba, subida en la bici de nuevo, de camino a la facultad.
En "tiempo real", supongo que tardo unos siete minutos en subir. Os juro que nunca he sentido esos siete giros completos del segundero. Es algo automático. Empiezo la cuesta y como un teletransporte, ya estoy arriba. "Hooop".
Hay que decir que es la única cuesta de Leuven, y que me la tengo que comer yo. ¿Por qué? Supongo que como diría Zow: "soy Vigara". Eso significa que si en una ciudad diminuta, hay un bache, me lo voy a comer yo sin rechistar y con el pecho fuera. Así con todo. A resignarse y a tirar pa' lante, y el bache pasará rápido, y nunca miraré atrás porque sabré que tendré que pasar por él varias veces en la vida. Y habrá muchos más.
La clave es que la mayoría de la gente no tiene en cuenta el concepto fundamental que juega el "Tiempo" aquí. Si tú sabes controlarlo, te teletransportas al momento en el que todo ha pasado. Aceleras la situación para que acabe antes y eso facilita las cosas.
Lo malo es que hay momentos en los que cuando acabas la cuesta, te encuentras con otra seguida, y otra...y no ves el fin. Pero seguro que lo hay. Si mi vida fuera una cuesta yo viviría en el Himalaya, y no es el caso.
Menuda metáfora tan cutrísima que me he marcado. Pero os juro que la historia de la cuesta es real como la vida misma.
Ya os contaré si mañana, cuando la suba a las 8.30 am, se me pasa rápido.
martes, 1 de febrero de 2011
Y un lugar pequeñín pequeñín para vivir
Recuerdo esa frase de la película de Aladdín. El genio le dice a Al que sólo necesita un pequeño espacio -siempre y cuando sea en libertad- donde poder vivir, cuando se sincera con él y le cuenta que su único sueño es el de ser libre.
Ayer, por primera vez, consideré esta sitio como algo más que una buhardilla en medio de una ciudad de cuento. Estábamos en la parte de arriba, tumbados en el colchón viendo una película. Teníamos la manta por encima y hacíamos comentarios en diferentes idiomas sobre el film.
Acabábamos de despedir a Alain. Su fiesta sorpresa había sido un éxito y nadie se quería marchar. Él y Renu siguen teniendo exámenes, asique nos quedamos Sachin, Marina y yo a vaguear de madrugada. Un día antes, Alain había comentado al hindú: "Oye, no hace falta que te vaya a cenar a casa, vamos a cenar todos aquí juntos", luego añadió "Marina, tú te puedes quedar a dormir en el colchon de sobra que tiene Serly".
Yo miraba de reojo y me empecé a reir :"Gracias honey, pero deja de invitar a gente a mi casa constantemente, que lo suyo es que lo haga yo y no tú". Nos reimos mucho y me sentí muy halagada. Esa sensación tan maravillosa que tienes cuando notas que los que te rodean están agusto contigo, cuando todos están empachados de waffles y chocate en diferentes formas.
Muy bien, muy bien. Un punto para Bélgica.
Ayer, por primera vez, consideré esta sitio como algo más que una buhardilla en medio de una ciudad de cuento. Estábamos en la parte de arriba, tumbados en el colchón viendo una película. Teníamos la manta por encima y hacíamos comentarios en diferentes idiomas sobre el film.
Acabábamos de despedir a Alain. Su fiesta sorpresa había sido un éxito y nadie se quería marchar. Él y Renu siguen teniendo exámenes, asique nos quedamos Sachin, Marina y yo a vaguear de madrugada. Un día antes, Alain había comentado al hindú: "Oye, no hace falta que te vaya a cenar a casa, vamos a cenar todos aquí juntos", luego añadió "Marina, tú te puedes quedar a dormir en el colchon de sobra que tiene Serly".
Yo miraba de reojo y me empecé a reir :"Gracias honey, pero deja de invitar a gente a mi casa constantemente, que lo suyo es que lo haga yo y no tú". Nos reimos mucho y me sentí muy halagada. Esa sensación tan maravillosa que tienes cuando notas que los que te rodean están agusto contigo, cuando todos están empachados de waffles y chocate en diferentes formas.
Muy bien, muy bien. Un punto para Bélgica.
sábado, 22 de enero de 2011
Que venga Ganesha y lo vea
Bueno, bueno, bueno:
Estoy en ese periodo maravilloso de exámenes en el que encuentras interesante todo aquello que no corresponda a lo que tienes que leer obligatoriamente. Desde el bote de champú en portugués hasta biografías de dioses Hindúes. Sí, mi ámbito de lectura es bastante amplio.
Y resulta que sin venir a cuento me vuelven a venir los paquidermos a la cabeza cuando leo Algo le pasa a Susi, un artículo publicado por Jacinto Antón en el País . No sé qué me quieren decir los elefantes, pero tengo que pillarlo rápido antes de que sea tarde y acabe buscando su cementerio.
Por cierto, que es una historia preciosa la de este especie de mausoleo elefantil a dónde van a parar estos gigantes. Según las leyendas africanas Sólo conocen ellos el lugar,y cuando les llega el momento abandonan la manada y van a morir con sus antepasados. El cuento se hizo tan tan famoso que cientos de aventureros en el siglo XIX lo dejaron todo para abandornarse a África en busca del marfil y huesos.
La base real de esta leyenda es igual de impactante. Se encuentran muchas veces esqueletos de elefantes en grupo. Como siempre van en manada si no encuentran con qué saciar su sed en días, mueren todos juntos. He leido que incluso si uno muere primero, los demás se quedan con él, "velándole".
Esto, como todo, se fue pasando de boca en boca y al final alguien imaginó una paraíso de huesos que a mí no me parece nada alentador. Pero eh, para gustos los colores ("pero a nadie le gusta el marrón" -cito a mi amigo Dani-)
Y ya una cosa ha llevado a la otra y resulta que Ganesha, uno de los principales dioses Hindús es el "Patrón" de los estudiantes. A ver empezado por ahí (estaréis pensando) pero...¿entonces cómo os hubiera metido la historia del cementerio de elefantes?
Video, el Rey León y el cementerio de elefantes
Estoy en ese periodo maravilloso de exámenes en el que encuentras interesante todo aquello que no corresponda a lo que tienes que leer obligatoriamente. Desde el bote de champú en portugués hasta biografías de dioses Hindúes. Sí, mi ámbito de lectura es bastante amplio.
Y resulta que sin venir a cuento me vuelven a venir los paquidermos a la cabeza cuando leo Algo le pasa a Susi, un artículo publicado por Jacinto Antón en el País . No sé qué me quieren decir los elefantes, pero tengo que pillarlo rápido antes de que sea tarde y acabe buscando su cementerio.
Por cierto, que es una historia preciosa la de este especie de mausoleo elefantil a dónde van a parar estos gigantes. Según las leyendas africanas Sólo conocen ellos el lugar,y cuando les llega el momento abandonan la manada y van a morir con sus antepasados. El cuento se hizo tan tan famoso que cientos de aventureros en el siglo XIX lo dejaron todo para abandornarse a África en busca del marfil y huesos.
La base real de esta leyenda es igual de impactante. Se encuentran muchas veces esqueletos de elefantes en grupo. Como siempre van en manada si no encuentran con qué saciar su sed en días, mueren todos juntos. He leido que incluso si uno muere primero, los demás se quedan con él, "velándole".
Esto, como todo, se fue pasando de boca en boca y al final alguien imaginó una paraíso de huesos que a mí no me parece nada alentador. Pero eh, para gustos los colores ("pero a nadie le gusta el marrón" -cito a mi amigo Dani-)
Y ya una cosa ha llevado a la otra y resulta que Ganesha, uno de los principales dioses Hindús es el "Patrón" de los estudiantes. A ver empezado por ahí (estaréis pensando) pero...¿entonces cómo os hubiera metido la historia del cementerio de elefantes?
Video, el Rey León y el cementerio de elefantes
lunes, 17 de enero de 2011
Sangre
"I got too much love,running through my veins, going to waste"
Me da angustia la sangre y resulta que soy la modelo perfecta de venas que cualquier médico desearía. Sí, modelo de venas.Tengo la piel blanca y clara, fibra por todas partes y venas y arterias recorriéndome el cuerpo -como todos-.
Las venas son azules y las arterias se ven verdes. Quizá sea al revés pero mi dislexia me impide realizar una afirmación completa. Lo curioso es que si me abres en canal lo verde se vuelve rojo. "Es como cuando pintas en un folio, mezclas rojo con tu piel y sale verde".
No me da repelús, me parece incluso poético la mezcla de fluidos de colores.
Es extraño pero me suele caer bien la gente que se da cuenta de que tengo las venas especialmente marcadas. Son muy pocos, pero ahí están.
Renu me dijo que tenía suerte, pues la vena que me atraviesa la frente es símbolo de inteligencia. Nacho me susurró aquel día en la facultad que las venas de mis sienes hacían juego con el color de mis ojos. Alain pone en práctica si sabe o no todas las venas y arterias de su examen de mañana buscándomelas por el cuerpo. Jose, el otro día en España, se asombró: "joder, ¿pero tú te has dado cuenta cómo tienes las venas de los brazos?".
Supongo que la razón de que se me marquen tanto será lo que canta el tonto de Robbie Williams en su canción. Tenemos vida dentro y hay que gastarla.
Me da angustia la sangre y resulta que soy la modelo perfecta de venas que cualquier médico desearía. Sí, modelo de venas.Tengo la piel blanca y clara, fibra por todas partes y venas y arterias recorriéndome el cuerpo -como todos-.
Las venas son azules y las arterias se ven verdes. Quizá sea al revés pero mi dislexia me impide realizar una afirmación completa. Lo curioso es que si me abres en canal lo verde se vuelve rojo. "Es como cuando pintas en un folio, mezclas rojo con tu piel y sale verde".
No me da repelús, me parece incluso poético la mezcla de fluidos de colores.
Es extraño pero me suele caer bien la gente que se da cuenta de que tengo las venas especialmente marcadas. Son muy pocos, pero ahí están.
Renu me dijo que tenía suerte, pues la vena que me atraviesa la frente es símbolo de inteligencia. Nacho me susurró aquel día en la facultad que las venas de mis sienes hacían juego con el color de mis ojos. Alain pone en práctica si sabe o no todas las venas y arterias de su examen de mañana buscándomelas por el cuerpo. Jose, el otro día en España, se asombró: "joder, ¿pero tú te has dado cuenta cómo tienes las venas de los brazos?".
Supongo que la razón de que se me marquen tanto será lo que canta el tonto de Robbie Williams en su canción. Tenemos vida dentro y hay que gastarla.
El tiempo en Leuven corre distinto. Me gusta estar entretenida, procurando dejarme llevar por lo que surja cada día. He cambiado un poco mi pequeño ático de novela, y he puesto en la planta de arriba un espacio para estar tranquila.
He pensado en obligarme a estar relajada. Es algo que tengo que aprender y estoy creando un espacio adecuado para intentarlo. Bajo la ventana, con una pequeña mesa y el colchón de los invitados. Mis libros, una libretita y la luna tapada por las nubes.
No sé si me saldra, pero ahí está.
El otro día fue la ceremonia en recuerdo de Hamze. Hicimos nuestra propia versión y pusimos una vela con mucha luz para que su alma encontrara el camino al paraíso a donde van los musulmanes. Él también tenía sangre de sobra y se le escapó entre tranvía y andén. Un beso enorme chico del líbano.
He pensado en obligarme a estar relajada. Es algo que tengo que aprender y estoy creando un espacio adecuado para intentarlo. Bajo la ventana, con una pequeña mesa y el colchón de los invitados. Mis libros, una libretita y la luna tapada por las nubes.
No sé si me saldra, pero ahí está.
El otro día fue la ceremonia en recuerdo de Hamze. Hicimos nuestra propia versión y pusimos una vela con mucha luz para que su alma encontrara el camino al paraíso a donde van los musulmanes. Él también tenía sangre de sobra y se le escapó entre tranvía y andén. Un beso enorme chico del líbano.
sábado, 15 de enero de 2011
El gris
Hay colores que evito de manera sistémática. El gris me pone triste, me hace suspirar y me da una angustia dentro que me cuesta respirar.
Volví a Leuven después de pasar un mes en España y sí, la ciudad me recibió con un gris que acongojaba.
Miré al cielo y a los edificios y deseé no desvanacerme sobre las calles abarrotadas de gente, también gris.
Llevaba tanto tiempo en España que se me había olvidado qué coño pinto yo en esta ciudad a más de 1700 kilómetros de ti. Ahora un fastasma de un conocido pulula por el ambiente. Le he visto asomándose la puerta de mi casa. Sé que no es real, porque nunca supo dónde vivía yo.
Un abrazo gigante y azul me devuelve la compostura.
"Me dieron tantas ganas de llorar cuando llegué el otro día y me encontré esto vacío, me angustié tanto,tanto,tanto...", me dice Alain mientras me saca un regalo mal envuelto. Es un cd de música hindú "ideal para hacer reiki", me dice emocionado.
Mithe me da las gracias por la casa y Marina habla muy muy muy rápido.
Hay morados y lilas en el ambiente y respiro algo mejor.
¿Soy yo o ahora las nubes son ligeramente más claras?Azules grisáceas pero azules a fin de cuentas...Mis pimientos se han secado, no os enfadéis. Compraré otros y los cuidaré mejor. No dejaré que la nieve les congele ni que la lluvia les ahogue. Aprenderé.
Volví a Leuven después de pasar un mes en España y sí, la ciudad me recibió con un gris que acongojaba.
Miré al cielo y a los edificios y deseé no desvanacerme sobre las calles abarrotadas de gente, también gris.
Llevaba tanto tiempo en España que se me había olvidado qué coño pinto yo en esta ciudad a más de 1700 kilómetros de ti. Ahora un fastasma de un conocido pulula por el ambiente. Le he visto asomándose la puerta de mi casa. Sé que no es real, porque nunca supo dónde vivía yo.
Un abrazo gigante y azul me devuelve la compostura.
"Me dieron tantas ganas de llorar cuando llegué el otro día y me encontré esto vacío, me angustié tanto,tanto,tanto...", me dice Alain mientras me saca un regalo mal envuelto. Es un cd de música hindú "ideal para hacer reiki", me dice emocionado.
Mithe me da las gracias por la casa y Marina habla muy muy muy rápido.
Hay morados y lilas en el ambiente y respiro algo mejor.
¿Soy yo o ahora las nubes son ligeramente más claras?Azules grisáceas pero azules a fin de cuentas...Mis pimientos se han secado, no os enfadéis. Compraré otros y los cuidaré mejor. No dejaré que la nieve les congele ni que la lluvia les ahogue. Aprenderé.
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