El tiempo no existe. Es el mayor invento de la historia (después de la coca-cola). Los minutos son de mentira, las horas una falacia. ¿Quién puede atreverse a cuantificar cuántos segudos reales sientes cuando estás a punto de caerte de la silla? -eternos- ¿o ese minuto decisivo en el que la profesora busca tu nombre en la lista para decir si aprobaste o no, y tú mientras oyes tu propia respiración, cortando el aire que sobra? -infinito-
Hay una cuesta en Leuven que da fe de este hecho. Me fijo de un tiempo a esta parte, y no sé cómo explicar el fenómeno. Es tan empinada que tengo que bajarme de Lenin y mirar hacia delante. Y de repente, ¡plaf! estoy arriba, subida en la bici de nuevo, de camino a la facultad.
En "tiempo real", supongo que tardo unos siete minutos en subir. Os juro que nunca he sentido esos siete giros completos del segundero. Es algo automático. Empiezo la cuesta y como un teletransporte, ya estoy arriba. "Hooop".
Hay que decir que es la única cuesta de Leuven, y que me la tengo que comer yo. ¿Por qué? Supongo que como diría Zow: "soy Vigara". Eso significa que si en una ciudad diminuta, hay un bache, me lo voy a comer yo sin rechistar y con el pecho fuera. Así con todo. A resignarse y a tirar pa' lante, y el bache pasará rápido, y nunca miraré atrás porque sabré que tendré que pasar por él varias veces en la vida. Y habrá muchos más.
La clave es que la mayoría de la gente no tiene en cuenta el concepto fundamental que juega el "Tiempo" aquí. Si tú sabes controlarlo, te teletransportas al momento en el que todo ha pasado. Aceleras la situación para que acabe antes y eso facilita las cosas.
Lo malo es que hay momentos en los que cuando acabas la cuesta, te encuentras con otra seguida, y otra...y no ves el fin. Pero seguro que lo hay. Si mi vida fuera una cuesta yo viviría en el Himalaya, y no es el caso.
Menuda metáfora tan cutrísima que me he marcado. Pero os juro que la historia de la cuesta es real como la vida misma.
Ya os contaré si mañana, cuando la suba a las 8.30 am, se me pasa rápido.
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