martes, 31 de mayo de 2011

Historia de miedo

Miré a la ventana por casualidad mientras aireaba las sábanas y allí estaba, mirándome fijamente.

Llevaba en la mano derecha (o la izquierda) una pistola que apuntaba a su sien. No cerró los ojos. No pude reaccionar. El disparo fue mudo y no me sorprendí. Seguí rígida, sin quitar mis ojos de los suyos. Pude ver perfectamente como un líquido negro resbalada cuidadosamente por su oreja. Le manchó el cuello. Las gotas oscuras continuaron desparramándose sobre su cuerpo. Seguía en la misma posición. Ni un quejido. Nada. Supongo que sólo notó la ligera presión en el pecho que yo también sentí. Empezó a llover más fuerte hasta que las gotas empañaron mi propio reflejo, que por supuesto, también era el suyo.

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