Supongo que mi repulsión a la melancolía no me deja ser consciente de que me quedan dos días aquí. Sólo he tenido un pequeño instante de flaqueza al mirar la exuberancia gótica de la catedral. He pensado “no te voy a volver a ver”, y sí, se lo decía a ese gótico flamenco en cada esquina, y por un instante la melancolía me ha tentado pero no la he dejado salir, porque eso es de aquellos que veneran el pasado perdiéndose el presente.
Dentro de un par de soles amaneceré en otra latitud y longitud. En la que se supone que es la mía, y que me ha dado el carácter que ahora tengo. La sensación con la que me quedo quedar, y que me acompañará conmigo para siempre es que no he estado en Bélgica. No. He pasado más tiempo en la India que en cualquier otro lugar de el mundo. En Italia, en Suiza, en Francia...
La pequeña república independiente de Leuven nos dio cobijo. A nosotros, los exiliados. Porque puede que los flemish no supieran apreciar la belleza de los colores que cada uno trae de su tierra, pero nosotros sí.
Una noche -como cualquier otra- estábamos cenando en casa de los indios y alguien derramó cerveza. Yo me levanté corriendo, y antes de limpiar el líquido toqué con mis dedos el alcohol, y me mojé la frente gritando “ALEGRÍA, ALEGRÍA”.
Es algo que yo creía común, pero por las caras de todos los presentes -incluida la de Marina, que es española- debieron pensar que estaban presenciando algún extraño ritual. Pero vamos, que es lo que hace mi madre siempre que alguien derrama su vino, y yo antes no había caído en la cuenta de que eso no era normal.
Casi sin darnos cuenta, unas noches después, se volvió a derramar otra copa y repetí el proceso. Todos lo conocían, y se apartaron el pelo de la frente, esperando a que yo untara mis dedos en el alcohol para mojarles ligeramente.
Me sorprendí bastantee cuando hace unos meses el mismo ritual se repitió, pero esta vez, Sachín gritó: ALEGRÍA, ALEGRÍA, y fue Alain el que mojó sus dedos y se los pasó por la frente.
Ellos no lo saben pero para mí fue la cosa más bonita del mundo.
El asunto tiene guasa cuando hace dos días derramé la salsa boloñesa. Por costumbre, todos fueron a meter el dedo dentro para luego tocarse la frente. Olvidé explicarles que sólo lo hacía con alcohol.
ALEGRÍA!
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