martes, 29 de marzo de 2011

Esa batalla no salia en los libros de arte

Ahí estaba, ese grabado mesopotámico de un hombre rudo, sobre un carro, con la nariz prominente, los ojos almendrados y los rizos perfectos con forma de espiral. Todo esculpido sobre el blanco mármol.

Y ahora a mi lado, mirando igual que aquella escultura del British Museum. Se había despertado y se dejó el carro en alguna parte que no me importa.

Delante de él, otro más. En naranja, rojo y negro. Directo desde una de esas vasijas súper gastadas. También de perfil. Barbilla de aristas marcadas, ojos rasgados, casi negros, barba profunda y recta, lengua fuera, sosteniendo unas serpientes que saca de un cubo. Como gritando.

Se miran mutuamente. Cada uno en un color. Mirarse de colores. Mesopotamia estaba delante de mí y yo con la boca entreabierta, sin decir nada inteligente. De carne y hueso. Piel en lugar de roca y pintura.

Intentaba recordar la página de mi libro de segundo de bachillerato donde estaban esos malditos grabados. Esa era la clave. Pero ahora estaban allí, de verdad, y yo temiendo que se rompieran. ¡Que nadie haga fotos! ¡El flash, el flash, quitad el maldito flash!

Parece mentira que se muevan. Que hablen. Que existan más allá de los libros y museos.
A veces abro tanto los ojos que creo que la gente se da cuenta de que lque dentro de mí se proyecta una película diferente.

Sonó el carrillón. Son las 4. La clase ha terminado y cada cual vuelve a su casa. Me pregunto si echarán de menos sus respectivos lienzos.

lunes, 14 de marzo de 2011

A la luz

Se hace de noche, y la temperatura es tan agradable que no me lo creo. Nos sentamos en un banco, apurando la luz -que creo que es preciosa- y nos dejamos caer hacia atrás mirando al cielo.
Cuando me fui apuré los pasos -creo que nunca andé tan lento- y me puse la música muy alta. John Legend salió a azar y me cantó esa de...

It may be long to get me there
It feels like I've been everywhere
But someday I'll be coming home
Round and round the world will spin
Oh, the circle never ends
So you know that I'll be coming home...

Pero contra todo pronóstico, pinsé que mi casa es a la que me dirijo. Aquí, en Arthur de Greefstraat. Y me puse muy muy contenta.

No quería acabar el paseo, asique subí la cuesta que lleva a ese lugar que sólo unos pocos sabéis dónde está.

Ya era de noche, y di por hecho que la valla estaría cerrada...¡pero no! Allí estaba, en la oscuridad total. Pues no. Alguien se dedica a encender una vela allí, todas las noches. No sé quién es pero gracias. Allí me tiré en el suelo apoyada en un árbol y respiré ese aire de noches de verano.

Oí un sonido que venía desde fuera pero no le di importancia. Cuando salí, me di cuenta de que la cancioncilla venía de una furgoneta de helados. Me extrañó, era muy de noche para ponerse a vender helados. Un niño abrió la puerta de su casa con el monedero de su madre en la mano y corrió calle abajo hacia el vehículo. Yo, instintivamente, hice lo mismo.

Y allí estábamos los dos, cuesta abajo gritando a la furgoneta que no se marchara. Paró y el niño -que llegó primero- esperó con una sonrisa enorme y de puntillas en la ventana. El conductor no se percató y arrancó de nuevo.

Los helados se fueron -ya dirigiéndose a la autopista-y yo me quedé quieta al lado del chaval -que apenas tendría ocho o nueve años-

Le dije que lo sentía, y que era una pena, pero que ya volvería a pasar. Él no me escuchó y siguió con la mirada cómo se perdía el automóvil entre los demás coches.
Ya no se veía nada y él seguía allí, con el monedero -que era de esos con un estampado horrible- en la mano. Esperando. Estaba tan triste que me dieron ganas de darle un abrazo pero cuando se percató de mi presencia salió corriendo de nuevo, calle arriba hacia su casa.

Ojalá vuelva de nuevo. No por mí, sino por él. Qué narices...¡qué venga por mí, quiero mi helado de stracciatella!

domingo, 13 de marzo de 2011

Sin título

Estoy luchando para que los colores no se me mezclen en el folio que guarda mis acuarelas. Mirando mi propio reflejo en la ventana oscura, buscando a los gatos -especialmente el blanco con manchas negras- y atendiendo a como la luz poco a poco desparece del cielo.
Compulsivamente, miro el periódico cada cierto tiempo para saber cómo van las cosas en Japón. Me aterroriza pensar que el cielo se ponga naranja de repente, como en mis pesadillas.

Hoy estuve en un bosquecito cerca de Hervelee. Con árboles altos y rotos, descontrolados. Parecía un paisaje pintado por un esquizofrénico. Era caótico y sin sentido. La naturalea suele ser áurea y de dimensiones casi perfectas. Ese bosque parecía más humano que animal. Parecía tener personalidad propia. Gritaba, como queriendo defenderse y avisar de lo que viene.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Simulacro de primavera

Tras tres dias seguidos de primavera reboso endorfinas. Se me escapan por los poros y es una maravilla. Nunca pensé que me iba a influir tantísimo en clima. He sufrido casi un mes de oscuridad y se me pasó por la cabeza pedir a cualquier dios que me diera un rayito de sol.
Entendí el significado de SAD, o como se le llama coloquialmente: "winter depression".

Eh, mirad que cita me voy a marcar en ingles:

"Seasonal affective disorder (SAD), also known as winter depression or winter blues, is a mood disorder in which people who have normal mental health throughout most of the year experience depressive symptoms in the winter."

Con tres días de sol se me ha pasado de golpe la necesidada extrema de dormir más de ocho horas y el cansancio sin razón... BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN

Los carnavales de Aalst fueron una auténtica fiesta. Aunque nos sirvieron para llevarnos un buen mosqueo con nuestra flemish Mithe...

Cantamos por las calles disfrazadas de azul, pero no celeste blues, si no azul cielo bien brillante. Bailamos entre miles de personas disfazadas de galletas príncipe, militares, frutas... Nos zarandearon y coreamos en medio del éxtasis colectivo el universal: lo loló lo lo lololololololó loló lo lo.

Ayer, aprovechando el sol (sí, creo que he dicho sol ya más de cinco veces) fuimos a dar una vuelta nocturna sin quererlo por Leuven. La luz de las estrellas era increible y los canales que reflejaban la luna eran de película -sí, también he dicho luna y estrellas, hoy mi post va dirigido a astros y satélites de todos los colores y sabores-

Con el Sun alumbrándonos (lo pongo en inglés porque me parece excesivo ya volver a repetir el nombre común de nuestro Lorenzo) estuvimos también en una especie de granja escuela de Leuven, con unos lagos preciosos e incluso...una piscina! Por un momento me imaginé en un par de meses chapotenado allí y casi lloro de la felicidad!

De fondo suenan los delinquentes.

¿Qué más se puede pedir?

domingo, 6 de marzo de 2011

El lago que no existía


No existe un lago entre Sofía y Rila. Para los ojos de la mayoría es sólo un paisaje más en el camino, nadie se fija en él. Sólo pasan a más de 120 kilómetros por hora y ni caen en la cuenta de que en el lado derecho de la carretera, entre los montañas, hay un pedazo del paraíso.
Digo que no existe, porque nadie cae en cuenta de su ubicación y en este mundo de locos si no está en un mapa, tiene nombre, longitud y latitud no es real.

Entonces estamos legitimados a decir que nosotros: José Ignacio Urquijo Sánchez, Beatriz Pérez Reyes, Javier Taeño, Diego Montes, y la que escribe estas líneas, somos sus descubridores y conquistadores. Por lo tanto, para los demás ese lago es nuestro y de nadie más.

Bajamos corriendo por la ladera, probamos sus aguas -que contra todo pronóstico apenas estaban frías- y jugamos con las piedras. El lago, que sabía que éramos probablemente los primeros en caer en su cuenta, nos cambió el clima y dejó de helar, y paramos de tiritar, y aparcamos a un lado dejando nuestros abrigos porque no hacía falta.

Nos despedimos del paisaje y él nos cantó Across the universe:

Nothing's gonna change my world
Sounds of laughter shades of life
are ringing through my open ears
exciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe

Unas horas más tarde, entre piedras y más piedras la rueda explotó. Sonó el silencio e hicimos un buen trabajo. Enfatizo en el plural de mis palabras.
Luego, en el monasterio se rompieron y se perdieron las imágenes, pero se crearon nuevas y se unieron otras. No hacían falta palabras.

De Sofía me llevo vuestros calores de Mastika, los ojos vidriosos por el frío, los garitos escondidos en patios, las cervezas de medio litro y caminar a oscuras por calles de novela negra.
De Plovdiv un puñado de niños que tiran bolas de nieve, lolitas con sonrisas de infarto y ganas de aprender, pulseras rojas y blancas con buenos deseos -y algo sobre un arquero, una paloma y sangre derramada-

No os conté la historia que me relataron con mi primera pulsera:

Cuando te las pones llamas a a la primavera. La esperas, y con el primer rayo de sol te las tienes que quitar porque ya han cumplido su cometido. Entonces, vas un bosque y regalas las pulseras a los árboles frutales, anudándolas en sus ramas.

Vosotros no lo sabéis, pero empezasteis mi primavera en Bulgaria.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El tiempo

El tiempo no existe. Es el mayor invento de la historia (después de la coca-cola). Los minutos son de mentira, las horas una falacia. ¿Quién puede atreverse a cuantificar cuántos segudos reales sientes cuando estás a punto de caerte de la silla? -eternos- ¿o ese minuto decisivo en el que la profesora busca tu nombre en la lista para decir si aprobaste o no, y tú mientras oyes tu propia respiración, cortando el aire que sobra? -infinito-
Hay una cuesta en Leuven que da fe de este hecho. Me fijo de un tiempo a esta parte, y no sé cómo explicar el fenómeno. Es tan empinada que tengo que bajarme de Lenin y mirar hacia delante. Y de repente, ¡plaf! estoy arriba, subida en la bici de nuevo, de camino a la facultad.
En "tiempo real", supongo que tardo unos siete minutos en subir. Os juro que nunca he sentido esos siete giros completos del segundero. Es algo automático. Empiezo la cuesta y como un teletransporte, ya estoy arriba. "Hooop".
Hay que decir que es la única cuesta de Leuven, y que me la tengo que comer yo. ¿Por qué? Supongo que como diría Zow: "soy Vigara". Eso significa que si en una ciudad diminuta, hay un bache, me lo voy a comer yo sin rechistar y con el pecho fuera. Así con todo. A resignarse y a tirar pa' lante, y el bache pasará rápido, y nunca miraré atrás porque sabré que tendré que pasar por él varias veces en la vida. Y habrá muchos más.
La clave es que la mayoría de la gente no tiene en cuenta el concepto fundamental que juega el "Tiempo" aquí. Si tú sabes controlarlo, te teletransportas al momento en el que todo ha pasado. Aceleras la situación para que acabe antes y eso facilita las cosas.
Lo malo es que hay momentos en los que cuando acabas la cuesta, te encuentras con otra seguida, y otra...y no ves el fin. Pero seguro que lo hay. Si mi vida fuera una cuesta yo viviría en el Himalaya, y no es el caso.
Menuda metáfora tan cutrísima que me he marcado. Pero os juro que la historia de la cuesta es real como la vida misma.
Ya os contaré si mañana, cuando la suba a las 8.30 am, se me pasa rápido.

martes, 1 de febrero de 2011

Y un lugar pequeñín pequeñín para vivir

Recuerdo esa frase de la película de Aladdín. El genio le dice a Al que sólo necesita un pequeño espacio -siempre y cuando sea en libertad- donde poder vivir, cuando se sincera con él y le cuenta que su único sueño es el de ser libre.

Ayer, por primera vez, consideré esta sitio como algo más que una buhardilla en medio de una ciudad de cuento. Estábamos en la parte de arriba, tumbados en el colchón viendo una película. Teníamos la manta por encima y hacíamos comentarios en diferentes idiomas sobre el film.

Acabábamos de despedir a Alain. Su fiesta sorpresa había sido un éxito y nadie se quería marchar. Él y Renu siguen teniendo exámenes, asique nos quedamos Sachin, Marina y yo a vaguear de madrugada. Un día antes, Alain había comentado al hindú: "Oye, no hace falta que te vaya a cenar a casa, vamos a cenar todos aquí juntos", luego añadió "Marina, tú te puedes quedar a dormir en el colchon de sobra que tiene Serly".

Yo miraba de reojo y me empecé a reir :"Gracias honey, pero deja de invitar a gente a mi casa constantemente, que lo suyo es que lo haga yo y no tú". Nos reimos mucho y me sentí muy halagada. Esa sensación tan maravillosa que tienes cuando notas que los que te rodean están agusto contigo, cuando todos están empachados de waffles y chocate en diferentes formas.

Muy bien, muy bien. Un punto para Bélgica.