"Alcánzame la fruta que yo no llego. Ni de puntillas. Sólo soy capaz de ver la parte posterior de las manzanas que cuelgan muy juntitas las unas de las otras. No soy lo suficientemente alta, ni lo suficientemente hábil como para hacerlo sin ti."
Ya hablé de las desventajas de vivir al lado del jardín botánico (arañas, mosquitos, abejas...) pero lo mejor lo descubrí ayer. En la parte de atrás del jardín hay un recoveco, con una puerta metálica que desemboca en una huerta llena de árboles frutales cargaditos de regalos.
Hay manzanas de todo tipo que brillan bajo el sol perezoso. Peras, moras, calabacines...y todo es mío y nuestro. Que nadie os engañe que lo que hago no es robar, que la fruta y lo que sale de la tierra no tiene propiedad y ese bendito jardín es público. ¿Acaso echo a los insectos de mi casa que vienen de allí después de nutrirse con el néctar de sus plantas? Pues no. Osea, que si esto es una simbiosis que cada uno cumpla su parte del trato.
¿Cuándo es la temporada de la fresa o de los melocotones? Seguro que mis padres lo saben. Les preguntaré.
"Bélgica guarda muchos secretos que te enseñará gustosamente sólo si tú le muestras los tuyos". Fue una frase muy poética en una charla sobre la historia de Leuven que a priori no entendí. Ahora sí.
Existe un lugar no muy alejado de Arhur De Greefstraat - mi calle- que es uno de los sitios que más me han impactado en la vida. No sale en los mapas, nadie me habló de él nunca, parece que no tiene historia y que cayó allí por casualidad. Es como uno de esos sitios que se describen en los libros fantásticos, una puerta a otro mundo o a otro tiempo.
Aparentemente es un mini bosque en medio de una urbanización de casitas. Aparentemente. Si te das cuentra, tras los matorrales hay piedras talladas que simbolizan el via crucis. Al investigar descubres estatuas de Jesucristo crucificado tapadas por la vegetación. Sólo se le ven las piernas colgando de la cruz. Estremece. Nunca hay nadie y sólo se oye el sonido de las castañas al caer de los árboles.
En una de mis visitas a este lugar mágico encontré a una mujer sentada que miraba a una virgen de piedra entre las rocas y los árboles. Abrazaba a un bebé y se mecía hacia delante y hacia atrás. Le cantaba una canción de cuna en duch mientras le amamantaba. Pura energía. Cuando estoy allí no existe el tiempo ni el espacio.
Dejando a un lado lo místico os diré que aquí los profesores tienen tras su atril un lavabo en medio de clase. Sí, habéis leído bien. Para asearse, con papel higiénico y todo.
Cada vez que estoy en clase miro desde lo alto -porque las clases son enorme e inclinadas, como en las películas- y pienso que en cualquier momento el maestro va a abandonar su explicación y se va a lavar los dientes mientras todos le observamos en silencio.
Hoy es lunes, eso significa que esta noche hay jazz en directo en el gato azul y que empiezo a ir a gimnasio con mis compañeros de clase. Acabo de ser consciente de que es octubre y no estoy en España.
Te toca hacer algo con ese jardin, regarlo, o cuidarlo al menos. Todo es de todos =D
ResponderEliminarEres española, pero con clase, nada de robar en el ALDI o el HEMA... simbiosis en el jardín botánico...bella manera de reconducir tus instintos!
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