sábado, 9 de octubre de 2010

Bicicletas



Las bicicletas están vivas entre las piernas de cualquiera. No me gusta que las roben porque con ellas se llevan una parte vital de tu existencia -al menos en esta bella ciudad-. Existen de todos los colores y formas. También de diversos sabores. Las que tienen las ruedas pintadas son de origen sospechoso, las azules y blancas de la universidad y las rayadas, que son mis favoritas.


Marina no sabe montar en bici. Cuando me lo dijo me dio mucha pena. No pude evitar recordar como en las películas -en plan flashes- lo bien que me lo he pasado de pequeña montando en bici. A mí me enseñó mi padre -como a casi todos- y me cogía desde atrás mientras yo le gritaba con los ojos muy abiertos que por favor no me soltara.


Ahora estoy aguantando el equilibrio y no puedo dejar de reir. "No me sueltes, no me sueltes", pero es Marina la que me grita ahora y yo la contesto desde atrás, también gritando: "No te suelto, te digo que no te suelto".


Es más difícil de lo que parece. No tienes confianza en algo que no controlas. Marina se balancea de un lado a otro y chilla riéndose nerviosa, porque piensa que se va a caer constantemente. Después de una hora decidí que lo mejor sería tener un poco de ayuda, de esa mágica.

Fuimos a mi sitio favorito de Leuven, con una energía especial, y fue allí donde mientras cantábamos: "seré más raudo que un río bravo, tendré la fuerza de un gran tifón..." la solté.


No avisé, porque mi padre tampoco me avisaba a mí. La vida no te advierte, te sorprende.


Ahora ella tendrá un recuerdo maravilloso del lugar de película donde aprendió a montar en bici. Y yo formaré parte de él. Es un honor enorme. Hace unos meses participé en otra clase de bicicleta con mi amiga Bea, ella se lanzaba como un kamikace cuesta abajo sin pedalear. ¡Qué valor tuvo!


Mañana nos vamos a la playa con un grupo de gente que no conozco. La excursión tiene buena pinta y lo de aprender a montar en bici vino al hilo de esta salida. Resulta que vamos a ir de Knokke(Bélgica) hasta Holanda y cambiaremos de país pedaleando.
No hay ninguna nube en el cielo y eso me alegra muchísimo.




2 comentarios:

  1. :):) no había leído esto. Pues sí, es un día que no se olvida, y a partir de ahí, quieres pedalear todo el tiempo, todos los días...:D

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