Llevo 22 años engañada. No quiero pecar de perroflauta fácil diciendo que no existen las fronteras pero es una verdad como una casa. Lo pensé cuando estábamos en el ferry que cruzaba el estrecho de gibraltar mientras que Diego y Nacho fingían ser los protagonistas de titanic.
Hoy estuve en dos países diferentes y volví a tener esa sensación. De Knokke, el último pueblo al norte de Bélgica fuimos a la primera región de Holanda limítrofe con este país. Knokke está lleno de pijos con sus hijos vestidos de Ralph Lauren tomando al sol mientras que juegan con la arena blanca de un mar extrañamente gris. Madre mía, cuantos colores estoy poniendo en una misma frase.
El mar del norte no está tan frío como yo imaginaba. Eso sí, de mejillones va sobrado. Estos moluscos acampan a sus anchas por la zona, que se llena en los días de sol -como hoy- de jóvenes recogiéndolos.
Fuimos 23 personas a una excursión que propusimos Marina y yo hace una semana, y que ha acabado siendo una salida de esas de cuento.
Alquilamos unas bicicletas y tras atravesar una reserva natural de aves pedaleamos durante horas hasta cambiar de país. El grupo era de los más pintoresco, y aunque sobresalía el acento español por encima de los otros los turcos, las checas, las polacas y las italianas se dejaban oir.
Y delante de nosotros lo que yo llamaría "La tierra media", porque nunca he estado en un sitio que se pareciera tanto a Bolsón Cerrado (momento friki). Caballos, vacas, ovejas, pájaros...mirándonos como pasábamos a toda velocidad con nuestra bicicletas, tarareando canciones desconocidas para la mayoría de ellos.
Esteban nos guía. Es un chico de nuestra edad, belga, que le encanta organizar este tipo de salidas. Con él lleva una bandera de Bélgica llena de firmas con la gente que se cruza en su camino. Entra a Holanda gritando "Vamos a conquistar Holandaaa". Me entero que cambio de país porque me llega un mensaje al móvil. Un puñetero sms me indica que he el estado es diferente. La tierra es la misma, somos los mismos, pero ahora un mensaje nuevo llena mi bandeja de entrada. Si esto es una frontera que baje Dios y lo vea porque yo no me lo creo.
Esto es de coña. En el campanario de una ciudad sacada de la imaginación de algún escritor victoriano suena "Dancing Queen", de ABBA. Os juro que las campanas tocan esa canción. Luego siguen con la BSO de Mary Poppins. Supongo que eso es Holanda, en Bélgica no pasa, es España menos. Estoy convencida de que si yo pusiera las fronteras tendría más sentido una línea divisoria en esa abadía, mientras las campanas replican al ritmo de pop.
Mierda, ya tengo un momento inolvidable y ñoño.
Cuando nos volvíamos por la tierra media ( pensaba que Gandalf me va a decir su mítico: "no puedes pasar", en cualquier momento") iba yo tan tranquila con mi bici cuando empecé a oir un canto rarísimo. Mi paranoia fue en aumento hasta que descubrí que era el turco cantando en árbe una canción tradicional. Iba justo detrás de mi y delante los caballos miraban a los ciclistas.
Acabó su serenata y sin bajarme de la bici le dije que por favor siguiera un poco más.
"¿What does it mean Uigar?" le pregunté mientras mordía el últrimo trozo de una onza de chocolate buenísima. "Its a song about love..." Se quedó cayado un segundo y luego prosiguió "...like all the songs".
La caña, no puedo decir más
ResponderEliminar