Ahí estaba, ese grabado mesopotámico de un hombre rudo, sobre un carro, con la nariz prominente, los ojos almendrados y los rizos perfectos con forma de espiral. Todo esculpido sobre el blanco mármol.
Y ahora a mi lado, mirando igual que aquella escultura del British Museum. Se había despertado y se dejó el carro en alguna parte que no me importa.
Delante de él, otro más. En naranja, rojo y negro. Directo desde una de esas vasijas súper gastadas. También de perfil. Barbilla de aristas marcadas, ojos rasgados, casi negros, barba profunda y recta, lengua fuera, sosteniendo unas serpientes que saca de un cubo. Como gritando.
Se miran mutuamente. Cada uno en un color. Mirarse de colores. Mesopotamia estaba delante de mí y yo con la boca entreabierta, sin decir nada inteligente. De carne y hueso. Piel en lugar de roca y pintura.
Intentaba recordar la página de mi libro de segundo de bachillerato donde estaban esos malditos grabados. Esa era la clave. Pero ahora estaban allí, de verdad, y yo temiendo que se rompieran. ¡Que nadie haga fotos! ¡El flash, el flash, quitad el maldito flash!
Parece mentira que se muevan. Que hablen. Que existan más allá de los libros y museos.
A veces abro tanto los ojos que creo que la gente se da cuenta de que lque dentro de mí se proyecta una película diferente.
Sonó el carrillón. Son las 4. La clase ha terminado y cada cual vuelve a su casa. Me pregunto si echarán de menos sus respectivos lienzos.
"Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida". Tokio Blues, Haruki Murakami
martes, 29 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
A la luz
Se hace de noche, y la temperatura es tan agradable que no me lo creo. Nos sentamos en un banco, apurando la luz -que creo que es preciosa- y nos dejamos caer hacia atrás mirando al cielo.
Cuando me fui apuré los pasos -creo que nunca andé tan lento- y me puse la música muy alta. John Legend salió a azar y me cantó esa de...
It may be long to get me there
It feels like I've been everywhere
But someday I'll be coming home
Round and round the world will spin
Oh, the circle never ends
So you know that I'll be coming home...
Pero contra todo pronóstico, pinsé que mi casa es a la que me dirijo. Aquí, en Arthur de Greefstraat. Y me puse muy muy contenta.
No quería acabar el paseo, asique subí la cuesta que lleva a ese lugar que sólo unos pocos sabéis dónde está.
Ya era de noche, y di por hecho que la valla estaría cerrada...¡pero no! Allí estaba, en la oscuridad total. Pues no. Alguien se dedica a encender una vela allí, todas las noches. No sé quién es pero gracias. Allí me tiré en el suelo apoyada en un árbol y respiré ese aire de noches de verano.
Oí un sonido que venía desde fuera pero no le di importancia. Cuando salí, me di cuenta de que la cancioncilla venía de una furgoneta de helados. Me extrañó, era muy de noche para ponerse a vender helados. Un niño abrió la puerta de su casa con el monedero de su madre en la mano y corrió calle abajo hacia el vehículo. Yo, instintivamente, hice lo mismo.
Y allí estábamos los dos, cuesta abajo gritando a la furgoneta que no se marchara. Paró y el niño -que llegó primero- esperó con una sonrisa enorme y de puntillas en la ventana. El conductor no se percató y arrancó de nuevo.
Los helados se fueron -ya dirigiéndose a la autopista-y yo me quedé quieta al lado del chaval -que apenas tendría ocho o nueve años-
Le dije que lo sentía, y que era una pena, pero que ya volvería a pasar. Él no me escuchó y siguió con la mirada cómo se perdía el automóvil entre los demás coches.
Ya no se veía nada y él seguía allí, con el monedero -que era de esos con un estampado horrible- en la mano. Esperando. Estaba tan triste que me dieron ganas de darle un abrazo pero cuando se percató de mi presencia salió corriendo de nuevo, calle arriba hacia su casa.
Ojalá vuelva de nuevo. No por mí, sino por él. Qué narices...¡qué venga por mí, quiero mi helado de stracciatella!
Cuando me fui apuré los pasos -creo que nunca andé tan lento- y me puse la música muy alta. John Legend salió a azar y me cantó esa de...
It may be long to get me there
It feels like I've been everywhere
But someday I'll be coming home
Round and round the world will spin
Oh, the circle never ends
So you know that I'll be coming home...
Pero contra todo pronóstico, pinsé que mi casa es a la que me dirijo. Aquí, en Arthur de Greefstraat. Y me puse muy muy contenta.
No quería acabar el paseo, asique subí la cuesta que lleva a ese lugar que sólo unos pocos sabéis dónde está.
Ya era de noche, y di por hecho que la valla estaría cerrada...¡pero no! Allí estaba, en la oscuridad total. Pues no. Alguien se dedica a encender una vela allí, todas las noches. No sé quién es pero gracias. Allí me tiré en el suelo apoyada en un árbol y respiré ese aire de noches de verano.
Oí un sonido que venía desde fuera pero no le di importancia. Cuando salí, me di cuenta de que la cancioncilla venía de una furgoneta de helados. Me extrañó, era muy de noche para ponerse a vender helados. Un niño abrió la puerta de su casa con el monedero de su madre en la mano y corrió calle abajo hacia el vehículo. Yo, instintivamente, hice lo mismo.
Y allí estábamos los dos, cuesta abajo gritando a la furgoneta que no se marchara. Paró y el niño -que llegó primero- esperó con una sonrisa enorme y de puntillas en la ventana. El conductor no se percató y arrancó de nuevo.
Los helados se fueron -ya dirigiéndose a la autopista-y yo me quedé quieta al lado del chaval -que apenas tendría ocho o nueve años-
Le dije que lo sentía, y que era una pena, pero que ya volvería a pasar. Él no me escuchó y siguió con la mirada cómo se perdía el automóvil entre los demás coches.
Ya no se veía nada y él seguía allí, con el monedero -que era de esos con un estampado horrible- en la mano. Esperando. Estaba tan triste que me dieron ganas de darle un abrazo pero cuando se percató de mi presencia salió corriendo de nuevo, calle arriba hacia su casa.
Ojalá vuelva de nuevo. No por mí, sino por él. Qué narices...¡qué venga por mí, quiero mi helado de stracciatella!
domingo, 13 de marzo de 2011
Sin título
Estoy luchando para que los colores no se me mezclen en el folio que guarda mis acuarelas. Mirando mi propio reflejo en la ventana oscura, buscando a los gatos -especialmente el blanco con manchas negras- y atendiendo a como la luz poco a poco desparece del cielo.
Compulsivamente, miro el periódico cada cierto tiempo para saber cómo van las cosas en Japón. Me aterroriza pensar que el cielo se ponga naranja de repente, como en mis pesadillas.
Hoy estuve en un bosquecito cerca de Hervelee. Con árboles altos y rotos, descontrolados. Parecía un paisaje pintado por un esquizofrénico. Era caótico y sin sentido. La naturalea suele ser áurea y de dimensiones casi perfectas. Ese bosque parecía más humano que animal. Parecía tener personalidad propia. Gritaba, como queriendo defenderse y avisar de lo que viene.
Compulsivamente, miro el periódico cada cierto tiempo para saber cómo van las cosas en Japón. Me aterroriza pensar que el cielo se ponga naranja de repente, como en mis pesadillas.
Hoy estuve en un bosquecito cerca de Hervelee. Con árboles altos y rotos, descontrolados. Parecía un paisaje pintado por un esquizofrénico. Era caótico y sin sentido. La naturalea suele ser áurea y de dimensiones casi perfectas. Ese bosque parecía más humano que animal. Parecía tener personalidad propia. Gritaba, como queriendo defenderse y avisar de lo que viene.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Simulacro de primavera
Tras tres dias seguidos de primavera reboso endorfinas. Se me escapan por los poros y es una maravilla. Nunca pensé que me iba a influir tantísimo en clima. He sufrido casi un mes de oscuridad y se me pasó por la cabeza pedir a cualquier dios que me diera un rayito de sol.
Entendí el significado de SAD, o como se le llama coloquialmente: "winter depression".
Eh, mirad que cita me voy a marcar en ingles:
"Seasonal affective disorder (SAD), also known as winter depression or winter blues, is a mood disorder in which people who have normal mental health throughout most of the year experience depressive symptoms in the winter."
Con tres días de sol se me ha pasado de golpe la necesidada extrema de dormir más de ocho horas y el cansancio sin razón... BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN
Los carnavales de Aalst fueron una auténtica fiesta. Aunque nos sirvieron para llevarnos un buen mosqueo con nuestra flemish Mithe...
Cantamos por las calles disfrazadas de azul, pero no celeste blues, si no azul cielo bien brillante. Bailamos entre miles de personas disfazadas de galletas príncipe, militares, frutas... Nos zarandearon y coreamos en medio del éxtasis colectivo el universal: lo loló lo lo lololololololó loló lo lo.
Ayer, aprovechando el sol (sí, creo que he dicho sol ya más de cinco veces) fuimos a dar una vuelta nocturna sin quererlo por Leuven. La luz de las estrellas era increible y los canales que reflejaban la luna eran de película -sí, también he dicho luna y estrellas, hoy mi post va dirigido a astros y satélites de todos los colores y sabores-
Con el Sun alumbrándonos (lo pongo en inglés porque me parece excesivo ya volver a repetir el nombre común de nuestro Lorenzo) estuvimos también en una especie de granja escuela de Leuven, con unos lagos preciosos e incluso...una piscina! Por un momento me imaginé en un par de meses chapotenado allí y casi lloro de la felicidad!
De fondo suenan los delinquentes.
¿Qué más se puede pedir?
Entendí el significado de SAD, o como se le llama coloquialmente: "winter depression".
Eh, mirad que cita me voy a marcar en ingles:
"Seasonal affective disorder (SAD), also known as winter depression or winter blues, is a mood disorder in which people who have normal mental health throughout most of the year experience depressive symptoms in the winter."
Con tres días de sol se me ha pasado de golpe la necesidada extrema de dormir más de ocho horas y el cansancio sin razón... BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN
Los carnavales de Aalst fueron una auténtica fiesta. Aunque nos sirvieron para llevarnos un buen mosqueo con nuestra flemish Mithe...
Cantamos por las calles disfrazadas de azul, pero no celeste blues, si no azul cielo bien brillante. Bailamos entre miles de personas disfazadas de galletas príncipe, militares, frutas... Nos zarandearon y coreamos en medio del éxtasis colectivo el universal: lo loló lo lo lololololololó loló lo lo.
Ayer, aprovechando el sol (sí, creo que he dicho sol ya más de cinco veces) fuimos a dar una vuelta nocturna sin quererlo por Leuven. La luz de las estrellas era increible y los canales que reflejaban la luna eran de película -sí, también he dicho luna y estrellas, hoy mi post va dirigido a astros y satélites de todos los colores y sabores-
Con el Sun alumbrándonos (lo pongo en inglés porque me parece excesivo ya volver a repetir el nombre común de nuestro Lorenzo) estuvimos también en una especie de granja escuela de Leuven, con unos lagos preciosos e incluso...una piscina! Por un momento me imaginé en un par de meses chapotenado allí y casi lloro de la felicidad!
De fondo suenan los delinquentes.
¿Qué más se puede pedir?
domingo, 6 de marzo de 2011
El lago que no existía
No existe un lago entre Sofía y Rila. Para los ojos de la mayoría es sólo un paisaje más en el camino, nadie se fija en él. Sólo pasan a más de 120 kilómetros por hora y ni caen en la cuenta de que en el lado derecho de la carretera, entre los montañas, hay un pedazo del paraíso.
Digo que no existe, porque nadie cae en cuenta de su ubicación y en este mundo de locos si no está en un mapa, tiene nombre, longitud y latitud no es real.
Entonces estamos legitimados a decir que nosotros: José Ignacio Urquijo Sánchez, Beatriz Pérez Reyes, Javier Taeño, Diego Montes, y la que escribe estas líneas, somos sus descubridores y conquistadores. Por lo tanto, para los demás ese lago es nuestro y de nadie más.
Bajamos corriendo por la ladera, probamos sus aguas -que contra todo pronóstico apenas estaban frías- y jugamos con las piedras. El lago, que sabía que éramos probablemente los primeros en caer en su cuenta, nos cambió el clima y dejó de helar, y paramos de tiritar, y aparcamos a un lado dejando nuestros abrigos porque no hacía falta.
Nos despedimos del paisaje y él nos cantó Across the universe:
Nothing's gonna change my world
Sounds of laughter shades of life
are ringing through my open ears
exciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe
Unas horas más tarde, entre piedras y más piedras la rueda explotó. Sonó el silencio e hicimos un buen trabajo. Enfatizo en el plural de mis palabras.
Luego, en el monasterio se rompieron y se perdieron las imágenes, pero se crearon nuevas y se unieron otras. No hacían falta palabras.
De Sofía me llevo vuestros calores de Mastika, los ojos vidriosos por el frío, los garitos escondidos en patios, las cervezas de medio litro y caminar a oscuras por calles de novela negra.
De Plovdiv un puñado de niños que tiran bolas de nieve, lolitas con sonrisas de infarto y ganas de aprender, pulseras rojas y blancas con buenos deseos -y algo sobre un arquero, una paloma y sangre derramada-
No os conté la historia que me relataron con mi primera pulsera:
Cuando te las pones llamas a a la primavera. La esperas, y con el primer rayo de sol te las tienes que quitar porque ya han cumplido su cometido. Entonces, vas un bosque y regalas las pulseras a los árboles frutales, anudándolas en sus ramas.
Vosotros no lo sabéis, pero empezasteis mi primavera en Bulgaria.
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