No es casualidad que el día de los difuntos haya traído la niebla más densa y blanca que haya visto jamás. Un manto blanco transparente que hacía que esta ciudad fuera mucho más bonita que nunca. Cuando volví de dejar Vane en la estación no pude evitar pararme en cada esquina, en cada rincón, para mirar a través de la niebla, del silencio.
Todavía no había llegado de vuelta a casa, luchando por no perderme entre la niebla cuando escuché algo que se me hace cada vez más familiar: el sonido de las campanas. Paré en medio de la calle y miré a los lados. ¿De dónde sale esa música? La catedral está muy lejos y las de la biblioteca no suenan así. Como tenía tiempo, me dispuse a seguir agudizándo el oído y mi orientación (que casi siempre es nula) .
Todavía no había llegado de vuelta a casa, luchando por no perderme entre la niebla cuando escuché algo que se me hace cada vez más familiar: el sonido de las campanas. Paré en medio de la calle y miré a los lados. ¿De dónde sale esa música? La catedral está muy lejos y las de la biblioteca no suenan así. Como tenía tiempo, me dispuse a seguir agudizándo el oído y mi orientación (que casi siempre es nula) .
El sonido de las campanas me condujo hasta la iglesia abandonada. ¿Quién las toca? Pasé por esa misma abadía hace unas semanas y sobre sus ruinas un grupo de bailarimas saltaban de piedra en piedra. La iglesia está siempre vacía, supongo que es demasiado caro rehabilitarla y se pudre poco a poco, y se cae a pedazos de manera lenta pero constante.
Las campanas no paran de sonar entre la niebla, pero el campanario está en muy mal estado, y apenas se sostiene la estructura sobre los cimientos. Cada vez suenan más y fuera yo, desde abajo, sujeto mi bici como si fuera el único elemento que me ata a la tierra. El sonido retumba y es demasiado pronto como para que haya alguien en la calle para preguntarle si es cosa mía o las campanas suenan para todos los humanos.
¿Cómo es posible? ¡La iglesia está abandonada!
Y más fuerte, y más alto, y siempre el mismo ritmo fúnebre. La vibración me hace recordar a Sachin: “EL ohm es mantra que mas vibra. Las vibraciones hacen que entres en otro estado, que tu mente se separe de tu cuerpo. Ya verás, inténtalo, nota el movimiento”.
El sonido de las campanas produce un efecto similar. ¿Se habrá dado cuenta alguien? La vibración te avisa, y la sigues hasta encontrar el lugar sagrado. Ahora que lo pienso...¿no hay sonidos que retumban en todas las religiones?
“No me voy a mover de aquí hasta que cese la música”. Me digo a mi misma mientra me apoyo en la pared, moviéndome entre la indignación y el asombro. Y el ritmo se atenúa. No pude calcular el tiempo pero las campanas de la iglesía vacía dejaron de replicar poco a poco, como si se estuvieran muriendo.
La niebla se está levantado mientras escribo. Las campanas dejaron de sonar. De casualidad encuentro un poema de José Asunción Silva que dice así:
La luz vaga... opaco el día,
la llovizna cae y moja
con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría.
Por el aire tenebroso ignorada mano arroja
un oscuro velo opaco de letal melancolía,
y no hay nadie que, en lo íntimo, no se aquiete y se recoja
al mirar las nieblas grises de la atmósfera sombría,
y al oír en las alturas
melancólicas y oscuras
los acentos dejativos
y tristísimos e inciertos
con que suenan las campanas
¡las campanas plañideras que les hablan a los vivos
de los muertos!
¡Y hay algo angustioso e incierto
que mezcla a ese sonido su sonido,
e inarmónico vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto,
por todos los que han sido!
acerté
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