miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mundos paralelos

Que alguien me explique que hago bailando en Hogwarts. Suena friki, pero esque no le encuentro ningún sentido. Es miércoles y este castillo está llenito de gente que no habla mi idioma. Miro a mi alrededor, es igualito igualito a la escena del baile de Harry Potter. Las vidrieras, las columnas de mármol, la bóveda...y yo no pego nada bailando un vals con Alain. Ah, de acuerdo. Ya me voy centrando. Estoy con Alain y cuento los pasos en alto en tres idiomas diferentes: one two three, un, deux, trois, un, dos, tres.

Es bastante tarde y no paro de sudar. El día anterior estaba en otro país, con otra gente, y lo que es peor: probablemente incluso yo era otra. Madre mía que lío. Pero no debo perderme en los pasos -ahora en dutch: een, twee, drie, een twee, drie...Probemos con el tango, mucho más divertido y sensual. Unos saltitos por allí, otros por acá, ¡cuidado que te piso!. Agárrame fuerte chico políglota que si no no sé cómo continuar.

En este mundo paralelo soy más valiente y menos inteligente. Me cuesta levantarme por las mañanas y no sigo un calendario de tareas. En mis ratos libres hago fotos y escribo para un periódico. Me las apaño en un inglés pésimo que me saca de apuros. Aquí es difícil encontrar a gente que te mire a los ojos cuando hablas. Mis plantas se cuidan solas y empiezo a notar un frío que pone mis manos azules.

La navidad está llegando. Resulta que aquí trae los regalos un tal Nicolás, que encima es español y viene cada año repartir regalitos a los niños belgas el 6 de diciembre. Si se portan mal lles azota con un látigo. La historia dice que este santo español vino hasta aquí para repartir año tras año sus ganancias con los niños. Venía en un caballo blanco con un ayudante, que se llenaba la cara de ceniza al bajar por todas las chimeneas para dejar los presentes (este ayudante es el que trabajaba de verdad, no Nicolás que esperaba pacientemente en el tejado).

No me creí que fuera español hasta que escuché la última parte de la historia. Nosotros somos muy de mirar como hacen el trabajo duro los demás sin participar. ¡Y encima se lleva el Nicolás todo el mérito! Este mundo está loco.

Bueno, el paralelo también.

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