sábado, 27 de noviembre de 2010

Vivir


Supongo que esto es algo parecido a vivir. Dormirte en un tren, y que al despertarte, durante unos segundos, no sepas dónde estás. Que tu cabeza haga un recorrido rápido de todas las posibilidades hasta acabar hallando la respuesta. Miro por la ventana y resulta, que contra todo pronóstico, desperté en Polonia.

Marina está recostada sobre la ventana y fuerza llueve silencioso. Acabamos de venir del campo de concentración más grande de la historia: Auschwitz.. No me dio tanta impresión como yo creía. Supongo que la culpa la tendrán todas las pelis de la II Guerra Mundial que he visto.

Krakovia me gusta, y me obligo a buscar las diferencias entre oriente y occidente detrás de los escapares del Zara. La calidad de vida aquí es bastante baja, y todo es extremadamente barato.
Hemos conocido a Alex, un francés que viaja sólo en busca de amigos Polacos que conoció en la vendimia. Con él vamos al barrio judío, y es allí dónde encuentro la verdadera Polonia. Un país bajo la presión constante de Rusia y Alemania, que intenta aferrarse a sus tradiciones desde tiempos inmemoriales, no vaya a ser que les invadan (otra vez).

Todo ha ido mejor desde la visita fugaz que hice a España. Cada vez me gusta más hacer planes extraños y dejar que el día te sorprenda. Estoy hasta arriba de trabajos pero se llevan bien si haces “breaks”. Ahora tengo uno, me voy a ver una pelí que nos trae Sachín. Una de risa, hindú. Habrá que ver cómo es su humor.

Los fines de semana se han convertido en el auténtico descanso. Mis vecinos se van y la casa está vacía. El jueves pasado nos prepararon una cena belga y nos los pasamos genial...nos enseñaron que aquí, a los Pokeros se les llaman “Johnys y Marinas”, nos hizo mucha gracia.
Después salimos por Oude Markt, bar a bar, Stella tras Stella, descubriendo que se saben y cantan todas las canciones en inglés sin inventárselas (no como hacemos nosotros).

Cuando volvimos de madrugada nos comimos la tarta de chocolate que compramos para el postre. Todos tirados en la cama de Alain, mientras le enseñaba a pronunciar la “R” con un boli en la boca.
Me desperté a la mañana siguiente mientras él y Piere aporreaban mi puerta al ritmo se Shakira.
Cuando abrí, en pijama, tenían un zumo de naranja y una caja con helado de espéculos en la mano.

Así da gusto levantarse. Aunque se rían de mi pijama de cerditos.
Leuven empieza a ofrecerme el alma de las personas que la habitan. Sus miedos, sus secretos...esto comienza a ser ya “vivir” con todo lo que eso conlleva. Bien, bien.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mundos paralelos

Que alguien me explique que hago bailando en Hogwarts. Suena friki, pero esque no le encuentro ningún sentido. Es miércoles y este castillo está llenito de gente que no habla mi idioma. Miro a mi alrededor, es igualito igualito a la escena del baile de Harry Potter. Las vidrieras, las columnas de mármol, la bóveda...y yo no pego nada bailando un vals con Alain. Ah, de acuerdo. Ya me voy centrando. Estoy con Alain y cuento los pasos en alto en tres idiomas diferentes: one two three, un, deux, trois, un, dos, tres.

Es bastante tarde y no paro de sudar. El día anterior estaba en otro país, con otra gente, y lo que es peor: probablemente incluso yo era otra. Madre mía que lío. Pero no debo perderme en los pasos -ahora en dutch: een, twee, drie, een twee, drie...Probemos con el tango, mucho más divertido y sensual. Unos saltitos por allí, otros por acá, ¡cuidado que te piso!. Agárrame fuerte chico políglota que si no no sé cómo continuar.

En este mundo paralelo soy más valiente y menos inteligente. Me cuesta levantarme por las mañanas y no sigo un calendario de tareas. En mis ratos libres hago fotos y escribo para un periódico. Me las apaño en un inglés pésimo que me saca de apuros. Aquí es difícil encontrar a gente que te mire a los ojos cuando hablas. Mis plantas se cuidan solas y empiezo a notar un frío que pone mis manos azules.

La navidad está llegando. Resulta que aquí trae los regalos un tal Nicolás, que encima es español y viene cada año repartir regalitos a los niños belgas el 6 de diciembre. Si se portan mal lles azota con un látigo. La historia dice que este santo español vino hasta aquí para repartir año tras año sus ganancias con los niños. Venía en un caballo blanco con un ayudante, que se llenaba la cara de ceniza al bajar por todas las chimeneas para dejar los presentes (este ayudante es el que trabajaba de verdad, no Nicolás que esperaba pacientemente en el tejado).

No me creí que fuera español hasta que escuché la última parte de la historia. Nosotros somos muy de mirar como hacen el trabajo duro los demás sin participar. ¡Y encima se lleva el Nicolás todo el mérito! Este mundo está loco.

Bueno, el paralelo también.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Niebla

No es casualidad que el día de los difuntos haya traído la niebla más densa y blanca que haya visto jamás. Un manto blanco transparente que hacía que esta ciudad fuera mucho más bonita que nunca. Cuando volví de dejar Vane en la estación no pude evitar pararme en cada esquina, en cada rincón, para mirar a través de la niebla, del silencio.

Todavía no había llegado de vuelta a casa, luchando por no perderme entre la niebla cuando escuché algo que se me hace cada vez más familiar: el sonido de las campanas. Paré en medio de la calle y miré a los lados. ¿De dónde sale esa música? La catedral está muy lejos y las de la biblioteca no suenan así. Como tenía tiempo, me dispuse a seguir agudizándo el oído y mi orientación (que casi siempre es nula) .

El sonido de las campanas me condujo hasta la iglesia abandonada. ¿Quién las toca? Pasé por esa misma abadía hace unas semanas y sobre sus ruinas un grupo de bailarimas saltaban de piedra en piedra. La iglesia está siempre vacía, supongo que es demasiado caro rehabilitarla y se pudre poco a poco, y se cae a pedazos de manera lenta pero constante.

Las campanas no paran de sonar entre la niebla, pero el campanario está en muy mal estado, y apenas se sostiene la estructura sobre los cimientos. Cada vez suenan más y fuera yo, desde abajo, sujeto mi bici como si fuera el único elemento que me ata a la tierra. El sonido retumba y es demasiado pronto como para que haya alguien en la calle para preguntarle si es cosa mía o las campanas suenan para todos los humanos.

¿Cómo es posible? ¡La iglesia está abandonada!

Y más fuerte, y más alto, y siempre el mismo ritmo fúnebre. La vibración me hace recordar a Sachin: “EL ohm es mantra que mas vibra. Las vibraciones hacen que entres en otro estado, que tu mente se separe de tu cuerpo. Ya verás, inténtalo, nota el movimiento”.

El sonido de las campanas produce un efecto similar. ¿Se habrá dado cuenta alguien? La vibración te avisa, y la sigues hasta encontrar el lugar sagrado. Ahora que lo pienso...¿no hay sonidos que retumban en todas las religiones?

“No me voy a mover de aquí hasta que cese la música”. Me digo a mi misma mientra me apoyo en la pared, moviéndome entre la indignación y el asombro. Y el ritmo se atenúa. No pude calcular el tiempo pero las campanas de la iglesía vacía dejaron de replicar poco a poco, como si se estuvieran muriendo.

La niebla se está levantado mientras escribo. Las campanas dejaron de sonar. De casualidad encuentro un poema de José Asunción Silva que dice así:



La luz vaga... opaco el día,
la llovizna cae y moja
con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría.
Por el aire tenebroso ignorada mano arroja
un oscuro velo opaco de letal melancolía,
y no hay nadie que, en lo íntimo, no se aquiete y se recoja
al mirar las nieblas grises de la atmósfera sombría,
y al oír en las alturas
melancólicas y oscuras
los acentos dejativos
y tristísimos e inciertos
con que suenan las campanas
¡las campanas plañideras que les hablan a los vivos
de los muertos!
¡Y hay algo angustioso e incierto
que mezcla a ese sonido su sonido,
e inarmónico vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto,
por todos los que han sido!