Ellos son responsables de su ignoracia.
Las campanas de fin de año no suenan en Grote Mark. ¿De qué os extrañáis? Ni que fuérais elefantes.
Mientras lucho por no atragantarme con unos traskys Sachin me cuenta que los elefantes viven y mueren sin ser conscientes de lo grandes y poderosos que son. Sus inmensas orejas y la incapacidad de mover el cuello hacia atrás para verse el cuerpo les impiden saber que son los mamíferos más grandes del mundo. "Si fueran conscientes de su poder, ellos serían los reyes de la jungla".
Cuando un elefante ve a otro elefante tiene miedo. Pero no el tipo de miedo de los humanos, no no, es una especie vértigo animal. Ahora entiendo por qué se vuelven dóciles. Su ignorancia les hace vulnerables al hombre, y a cualquier otro ser vivo.
Nos cansamos de bailar y nos fuimos a un bar a eso de las 2.
"Marina, Sachín tiene una historia genial sobre elefantes que te va a encantar. Vamos bhai, cuéntasela, cuéntasela"
"Os juro que la culpa no es mía. Fuéron los paquidermos". Me decía cuando el bar cerró a las 6. No hablé, no era mi turno. Sólo estuve atenta a los golpes de Sachín a la mesa, a Marina sujetándole el brazo, a la incompresión y a la compresión. A eso de que la percepción va antes de la concepción. Al miedo y a las canciones que lo anulan. Al luchar por un objetivo cuando no lo tienes. A los ojos que buscan respuestas que saben que nunca conocerán. A sentir. A llorar juntos porque todo es demasiado grande y hay que buscarle un sentido -o no- .
Las campanas no sonaron porque somos elefantes.
Eso sí, yo tengo suerte porque a mí al menos alguien me lo ha contado, y eso me hace más consciente y menos mamífero gigante gris adorable.
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